Cuatro caminos por palabra
Una palabra no se da por sabida porque la reconozcas. Se trabaja por cuatro caminos: reconocerla, recordarla sin ayuda, oírla y decirla. Solo cuando aguanta los cuatro cuenta como dominada.
Una palabra no se da por sabida porque la reconozcas. Se trabaja por cuatro caminos: reconocerla, recordarla sin ayuda, oírla y decirla. Solo cuando aguanta los cuatro cuenta como dominada.
Cada palabra vuelve justo antes de que la olvides. Ni antes, que aburre, ni después, que ya se fue. El repaso se ajusta a lo que tú fallas y aciertas, no a un calendario igual para todos.
Una frase entra en tu sesión cuando ya conoces sus palabras. Con cuarenta palabras salen frases de cinco; con cuatrocientas, de doce. Son 533 frases reales, de pedir un café a discutir un contrato.
260 tarjetones ilustrados, todos con el mismo trazo. Ves una panadería y dices bakery, sin pasar por el español. Así se deja de traducir en la cabeza.
La parte oral tiene cuatro ejercicios, todos de producción, con el micrófono de tu móvil y más de 24.000 clips de audio real.
Cada tema llega con su tabla, su regla y el error típico de quien habla español. Primero se entiende y después se practica.
Lo que fallas vuelve a salir en la misma tanda, separado por otros ejercicios, hasta que deja de fallar. Y tiene su propia sección, porque es donde más se aprende.
3.858 palabras y 21 tipos de ejercicio en seis niveles: primeras palabras (A1), el día a día (A2), opinar (B1), matizar (B2), argumentar (C1) y sonar natural (C2).
Al empezar, una prueba de quince preguntas te sitúa. Y cada nivel tiene su examen final: sesenta ejercicios, casi dos tercios de escribir, entre 25 y 35 minutos, y solo se aprueba con un 85 %.
Un día cuenta para tu racha cuando estudias de verdad: unos minutos y unos ejercicios mínimos que fijas tú.
Y cada semana, en tu liga, suben los tres primeros y bajan los tres últimos. Motiva, pero enseña primero.